¿Por qué es importante prevenir la violencia de género en la adolescencia?


01 Feb
01Feb

La adolescencia es un momento clave para cualquier labor preventiva relacionada con la violencia de género por varios motivos que, a continuación, queremos explicar.

En primer lugar, la adolescencia es la etapa en la que suelen tener lugar las primeras relaciones de pareja. Esto es una parte esencial en el desarrollo de las personas puesto que estas relaciones son fuente de autoestima, estatus social y de adquisición y desarrollo de habilidades sociales para la resolución de conflictos. Cómo se relacionen las personas en la adolescencia puede determinar cómo lo hagan en la edad adulta. En este sentido, la temporalidad de las relaciones en la adolescencia puede generar la sensación de que es difícil que se produzca violencia de género y que esta se pueda perpetuar en futuras relaciones. Sin embargo, que a lo largo de la adolescencia se suela tener más de una relación de pareja (en las que puede variar en el grado de compromiso) puede ser positivo cuando las relaciones son saludables y constructivas, pero en el caso de que no lo sean, pueden conllevar que se fijen esquemas y expectativas de relación poco saludables, puesto que así lo han experimentado en reiteradas ocasiones. De hecho, en un estudio de 2009, las jóvenes dejaron claro que las diferentes conductas de abuso psicológico que experimentaron por parte de sus parejas eran algo normal (no las percibían como tal), y que, de no consentirlas, no estarían nunca con un chico. Este es un aspecto importante a tener en cuenta en los programas de prevención puesto que tener diferentes parejas a lo largo de la adolescencia puede ser positivo si, como se comentaba, sirve para ir en busca de modelos de relación más saludables.

El segundo motivo es que los y las adolescentes se encuentran en la etapa de operaciones formales, lo que les permite cuestionar, reflexionar y cambiar modelos y expectativas relacionadas con, por ejemplo, el género masculino y femenino, que puede influir negativamente en la forma de relacionarse en la pareja. Los menores y las menores en este estadio muestran una mayor flexibilidad para la asimilación de nuevos conceptos y una mayor apertura a las influencias, por lo que las actitudes todavía no están consolidadas, haciendo idónea cualquier intervención.

Otro de los motivos es la baja percepción de riesgo de sufrir violencia de género en la adolescencia, que, junto a la inmadurez cognitiva y emocional propia de esta etapa, hacen que los y las adolescentes sean especialmente vulnerables a ella. La baja percepción de riesgo es debida principalmente a que la asocian a la violencia física, la forma menos prevalente de violencia de género, y a un problema de adultos. Esta circunstancia, junto a la ceguera producida por los mitos del amor romántico y la socialización diferencial, les hace más vulnerables a la tolerancia de situaciones violentas, al tiempo que sus propias características psicológicas también aumentan su vulnerabilidad. Además, en la adolescencia se desarrollan las habilidades de razonamiento necesarias para la toma de decisiones maduras, pero se presentan limitaciones a la hora de plantearse diferentes opciones y valorar cada una de ellas. Trasladado al ámbito de las relaciones de pareja, puede significar que presenten dificultades a la hora de valorar el riesgo de las conductas violentas sutiles. A estas dificultades para aplicar el pensamiento crítico a la práctica y para prever y valorar consecuencias u alternativas, hay que añadir el hecho de que cada vez se adelanta más la edad de inicio de las relaciones de pareja, lo que supone tener que lidiar con situaciones para las que todavía no se tiene la suficiente madurez intelectual y emocional para afrontarlas.

El último motivo que queremos destacar para justificar la importancia de prevenir la violencia de género en esta etapa es la importancia del grupo de iguales. Las amistades pueden actuar como factor de riesgo de ejercer y sufrir violencia de género o como factor de protección. De hecho, dada la necesidad de autonomía de las madres y padres y la centralidad del grupo de iguales en la adolescencia, en caso de encontrarse en una relación insana y querer contárselo a alguien se suele recurrir a las amistades. Al actuar como confidentes, es importante que el grupo de iguales sepa identificar la violencia de género y, sobre todo, saber cómo actuar. Esto es relevante puesto que, de iniciarse, el círculo de amistades puede actuar para frenar este proceso y evitar así que el agresor aísle por completo a la víctima. De hecho, el temor a la “soledad social” es uno de los factores de permanencia en una relación abusiva adolescente. Por eso es tan importante que los iguales hagan saber a la víctima que no está sola.

Por tanto, es necesario que los programas de prevención de violencia de género, además de estar basados en la evidencia científica para avanzar en su eficacia, contemplen los distintos factores que marcan la forma que tiene los y las adolescentes de relacionarse en la pareja.

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