¿Qué factores influyen en el comportamiento de las parejas adolescentes?


07 Feb
07Feb

En línea con nuestro último post, ¿Por qué es importante prevenir la violencia de género en la adolescencia?, donde hablamos de los factores que hacen que la adolescencia sea una etapa clave para la prevención, en esta entrada queremos centrarnos en destacar los tres principales factores que marcan las experiencias de relaciones de pareja en la adolescencia, y que, a su vez, refuerzan la importancia de prevenir la violencia de género en esta etapa.

El primero factor es la centralidad que ocupan en la adolescencia la cuestión de la identidad de género y la adhesión a las normas de género. Los roles de género transmitidos por los diferentes agentes socializadores empiezan a perfilarse cada vez con mayor claridad en los esquemas cognitivos de las personas durante la infancia intermedia (6-12 años) y la adolescencia temprana (12-14 años). Pero es a partir de esta edad cuando se produce una redefinición sexual y de género que se expresa queriendo dejar claro al mundo “lo que soy y como soy”, acentuando así la diferenciación de género (ser masculino o ser femenina) y reproduciendo de manera más rígidamente los estereotipos de género. Uno de los problemas que conlleva esta acentuación de la identidad de género es el aumento de la probabilidad de reproducir patrones de relaciones desiguales en la pareja, que pueden trasladarse, además, a futuras relaciones, incluidas las que tengan lugar en la etapa adulta.

El segundo factor que marca las relaciones de pareja en adolescentes es la influencia de la socialización diferencial y de los mitos del amor romántico. Cómo amar en función de si se es hombre o mujer y a quién amar son pautas que nos transmiten los diferentes agentes socializadores, mostrando generalmente un único modelo de pareja “válido” o, como podemos observar en series de televisión, películas, música o contenidos de Internet, reproduciendo relaciones de pareja de subordinación y dominación y transmitiendo estereotipos de género. Al moldear esquemas sociales, cogniciones y creencias normativas, estos agentes socializadores son causa de que los chicos describan a la chica ideal como un objeto sexual, mientras que las chicas describan al chico ideal como el malo o rebelde; o también de la creencia de que las mujeres han de ser empáticas, pacientes, deben saber ceder y aguantar los comportamientos impulsivos y agresivos, considerados propios de la naturaleza masculina, mientras que los hombres han de proteger a las mujeres, guiarlas y decidir o resolver por ellas cualquier problema.

Estas creencias, junto a otras erróneas o mitos como “los celos son una muestra de amor”, “el amor lo puede todo”, “con amor, tiempo y paciencia se puede cambiar a una persona”, o “con el tiempo todo mejorará”, pueden actuar como elementos que favorezcan y mantengan situaciones de violencia de género ya que, durante esta etapa, los y las adolescentes son especialmente vulnerables a concebir el amor de forma distorsionada.

El tercer y último factor es la importancia de los iguales, especialmente en relación a comportamientos aceptables e inaceptables en las relaciones de pareja. Como comentamos en el post anterior, el grupo de iguales es clave en el desarrollo de la identidad personal y en el aprendizaje de las interacciones sociales. Proporciona al adolescente una serie de ventajas que le ayudan en la transición hacia el mundo adulto; da apoyo y seguridad, facilita la separación de los padres y modelos anteriores, proporciona ideales, intereses y valores, y presta una “identidad transitoria” que apoya a un yo todavía frágil. Además de todo esto, el grupo marca las normas sociales en las relaciones de pareja.

Las relaciones románticas en la adolescencia se caracterizan por seguir cuatro fases ligadas con los cambios que se producen en las relaciones con los iguales. La primera se caracteriza por abordar el interés por las relaciones románticas con su grupo de amistades, descubriendo las normas sociales existentes al respecto en su grupo. En la siguiente, empiezan a surgir más oportunidades de interacción con posibles parejas, produciéndose las primeras relaciones fuertemente marcadas por las normas del grupo. En las dos últimas, se produce un desarrollo del lazo afectivo y el compromiso, haciendo que las relaciones sean más íntimas, aunque no exentas de la influencia de la norma social establecida en las fases anteriores. Por tanto, el grupo de iguales tiene la capacidad de moldear las experiencias de relación de pareja influyendo en decisiones (por ejemplo, si salir con una determinada persona o cuándo romper con ella, o en lo que es normal o no en una pareja), o estableciendo normas (por ejemplo, cuanto mayor sea el número de relaciones de pareja mayor será el estatus social de la persona), lo que le convierte en un modelo de comportamiento para conductas tanto positivas como negativas pudiendo, por tanto, estar detrás de la aparición y justificación de la violencia .

En resumen, la influencia social sobre el concepto del amor y cómo hay que amar, la inmadurez cognitiva y emocional propia de esta etapa, unida a la reproducción más marcada de los roles de género en la pareja, hace que los y las adolescentes sean una población vulnerable a sufrir y ejercer violencia de género. Además, las amistades pueden suponer un factor de riesgo o protección en este ámbito, por lo que la prevención de la violencia de género en la adolescencia no solo es necesaria, sino también muy oportuna por las características psicosociales de esta etapa vital. 

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